Gabriel Cocimano: imágenes y crónicas

GABRIEL COCIMANO (Buenos Aires, 1961)

Acerca de los viajes se ha escrito –casi-  todo. Conquistadores, navegantes, científicos y turistas han compartido a lo largo de la historia deslumbrantes experiencias viajeras, perpetuadas en forma de relatos y crónicas.

Muchos han visto en estas experiencias una suerte de evasión, de éxodo, de fuga. “Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte”, decía Miguel de Unamuno. A su vez, George Sand, la poeta francesa, había sostenido que “no se trata tanto de viajar como de partir; ¿quién de nosotros no tiene algún dolor que distraer o algún yugo que sacudir?”.

Otros se han empeñado en retratar las conductas sociales. Gulliver –llevado por la imaginación de su creador, el genial escritor irlandés Jonathan Swift- descubría a su paso la existencia de pueblos fantásticos y trazaba una pintura satírica del género humano.

El viajero moderno tal vez no encuentre liliputienses ni struldgruggs en sus destinos. Sin embargo, sí puede entrenarse en hallar los rasgos arquetípicos de las conductas humanas que subyacen en cada geografía. Todo viajero es un etnógrafo de su época; incluso, cuando la pinte, como se sabe, con los ojos de su propia cultura. Los viajes son los viajeros –afirmó Fernando Pessoa-. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos

El turista es un exiliado ad hoc, dispuesto a vivir ese exilio voluntario sin tiempos ni apremios. De hecho, un viaje implica el quiebre de la temporalidad cotidiana, un escape de ese lapso vital que le permite recrear aquel espíritu de fuga, por más que sepa que siempre hay un retorno. Aunque más no sea hacia alguna parte. “Yo tengo alma de valija –decía Enrique Santos Discépolo-, pero de valija que vuelve (…) Como los criminales, como los novios y como los cobradores, yo regreso siempre”.

Este blog no tiene otra pretensión que ofrecer mis impresiones de viaje, producto de la curiosidad en el tiempo discontinuado de la cotidianeidad, y que permite el exilio hacia un edén ocasional.

Un capítulo más de un libro que, al igual que un viaje, “se comienza con inquietud –como afirmó José Vasconcelos- y se termina con melancolía”.

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